El proyecto corresponde a una vivienda de 90 m² construidos, concebida bajo criterios de máxima optimización del espacio y claridad funcional. La propuesta se organiza en un solo nivel, donde la volumetría se fragmenta en formas limpias que permiten diferenciar usos sin perder continuidad espacial.
El área social se proyecta como un espacio abierto completamente integrado con el exterior, mediante un cerramiento transparente que extiende la percepción del interior hacia la terraza. Esta operación no es solo formal, sino que amplía visualmente la vivienda y compensa la limitación de área construida. La incorporación de un alero ligero refuerza la transición interior–exterior, controlando asolación y permitiendo el uso permanente del espacio.
La materialidad combina tonos neutros y texturas cálidas, generando un lenguaje sobrio que evita saturación visual, clave en viviendas compactas. La cubierta plana y los vanos horizontales aportan una lectura contemporánea y controlada del volumen.
El principal reto del proyecto radica en lograr amplitud espacial en una vivienda de dimensiones reducidas, evitando la fragmentación excesiva del espacio. Esto se resuelve mediante la integración de fachadas abiertas y la eliminación de barreras innecesarias, priorizando la continuidad visual y funcional. Desde el punto de vista estructural, el desafío es mantener esa apertura sin comprometer el sistema portante. La presencia de grandes luces en fachada exige un control preciso en el diseño de vigas y apoyos, buscando elementos lo más esbeltos posible que no interfieran con la transparencia del espacio. Esto implica una coordinación rigurosa entre arquitectura y estructura para evitar sobre dimensionamientos que afecten la proporción del proyecto.
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